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miércoles, 10 de abril de 2013

Costumbres mexicanas que no lo son tanto


En México nos encanta romper piñatas en las posadas para luego luchar fieramente por obtener la mayor cantidad de dulces. Lanzamos cohetes al por mayor en los días de fiesta, principalmente en Navidad y en el Día de la Independencia, y hasta quemamos toritos. Y en las bodas una costumbre muy arraigada es la de lanzar arroz a los novios. Y desde siempre hemos creído que todas estas son tradiciones muy mexicanas. Y sí lo son, aunque su origen no es mexicano, sino chino.

Comienzo con la piñata. Desde épocas ancestrales, los chinos han basado su vida en los ciclos agrícolas, pues al ser una nación tan grande y con tanta gente, necesitan cuidar mucho sus sembradíos para evitar hambrunas. Bien, pues como un símbolo de buen augurio, en la época de la cosecha, los antiguos chinos acostumbraban elaborar figuras de vacas o bueyes y las rellenaban con granos y semillas. Luego, los mandarines, que eran los gobernantes de una ciudad o territorio, rompían estas figuras con varas de colores. Cuando las vacas se rompían y el contenido se esparcía por el suelo, la gente se llenaba de algarabía, pues se cumplía así con el ritual de fertilidad de la tierra, que “aseguraba” una buena cosecha en la siguiente temporada.
Tomada de internet
En el siglo XIII, el veneciano Marco Polo llegó a China a través de la Ruta de la Seda, camino que unía a Europa con Asia y en donde se comerciaba de todo. Marco Polo presenció esta costumbre y le gustó, así que se la llevó para su natal Italia. En el país de la bota la costumbre se adoptó en la época de la Cuaresma y se popularizó. Pero no se hacían figuras de bueyes, sino que se usaban unas ollas de barro llamadas pignattas, en donde se cocinaban diversos platillos conocidos también como pignattas.

De Italia, las piñatas pasaron a otros países de Europa, como España, y a través de la conquista llegaron a América. El país donde más se arraigó esta costumbre fue México, donde los religiosos las usaron como una herramienta para evangelizar a los indígenas. Y desde ese entonces, hasta el día de hoy, las piñatas forman parte de las costumbres mexicanas.

La quema de cohetes y toritos en las festividades tiene una historia similar. Recordemos que los chinos inventaron la pólvora en el siglo IX, pero no con fines militares, sino buscando una especie de “elixir de la vida eterna”, es decir, por casualidad. Y desde el siglo X, la pólvora se usó para fabricar cohetes que se utilizaban en la Fiesta de la Primavera, es decir, el Año Nuevo Chino, que marca el inicio de la época de siembra.
Tomada de internet
Según una leyenda, en la antigüedad, en vísperas de la Fiesta de la Primavera, un malvado monstruo llamado Nian (se pronuncia nien) salía de las profundidades del mar y asolaba los pueblos, destruyendo campos de cultivo y comiéndose a la gente. Pero un día, un sabio llegó con una solución para ahuyentar al Nian: colocar faroles rojos en las puertas de las casas y hacer explotar cohetes y fuegos artificiales. Cuando el Nian llegó, se asustó tanto con el ruido, las luces y el color rojo de las puertas, que huyó despavorido. Desde entonces, los chinos queman mucha pólvora en su año nuevo, y si no lo creen, vean este video que hice hace tiempo.

Se cree que también fue Marco Polo el que introdujo la pólvora en Europa, donde no sólo se usó con fines festivos, sino que comenzaron a utilizarla en armas de fuego. Como sea, la pólvora llegó a América de manos de los españoles, y con el tiempo, los mexicanos la adoptamos, entre otras cosas, para celebrar. Y si alguien no cree, que vaya a los pueblos a ver cómo se queman los toritos, o a la Feria de Zapotitlán, en el Distrito Federal, donde las batallas de castillos de pirotecnia son épicas, o al Zócalo el 15 de septiembre.

En cuanto a lo de lanzar arroz en las bodas, es una costumbre que también proviene de China. Como decía al principio, para los chinos la agricultura y sus ciclos son algo importantísimo. Y el cereal que ocupa el trono en la cultura china es el arroz, en el cual han basado su alimentación durante siglos y siglos.
Foto tomada de http://josefinahuerta.blogspot.com

Bueno, pues en las bodas de los chinos antiguos se acostumbraba lanzar arroz a la nueva pareja de esposos como símbolo de buen augurio y de fertilidad. Y claro, representaba una cierta presión social para que comenzaran de inmediato la tarea de tener hijos (que en el futuro ayudarían en las labores del campo). No lo hacían con el sorgo. Tampoco con el mijo, no, no, no. Lo hacían con el cereal supremo, el rey en la vida de los chinos: el arroz.

¿Cómo pasó a América, y a México en particular? Eso no lo tengo muy claro. Pero lo que sí es cierto es que esta costumbre, de origen chino, sigue presente en las bodas mexicanas, aunque con el paso de los años se ha modificado y en lugar de arroz, en algunas bodas se lanzan burbujas de jabón o pétalos de rosa.

Y ya de pilón les cuento una curiosidad. En México, a la gente con el pelo rizado o “quebrado” solemos decirles chinos. Por ende, al pelo rizado le decimos pelo chino. Pero esto no tiene nada que ver con los chinos, sino con los aztecas o mexicas. Resulta que en náhuatl, rizo se dice xinotl (se pronuncia shinotl), y de ahí viene que a los de pelo rizado les digamos chinos. Increíble, pero cierto. Y si no me creen, consulten cualquier diccionario decente de nahuatlismos.
 
Tomada de internet

martes, 12 de marzo de 2013

El rincón más inolvidable de Beijing

Quizá suene extraño, pero las palabras más dulces que me han dicho en China no fueron precisamente halagadoras: “¿Por qué tienes la nariz como aguja?”.

Una linda y sonriente estudiante de primaria me soltó la pregunta, de la forma más natural, al ver mi puntiaguda nariz. Nunca podré olvidarla. No sólo porque sus palabras provocaron en mí una risa estruendosa, sino también porque con su mirada me inyectó una fuerte dosis de optimismo y de alegría. Ella es hija de trabajadores migrantes que llegaron a Beijing, como muchos, en busca de una mejor vida.
La inolvidable niña al salir de clases / Foto: Li Yi
Una visita de Radio Internacional de China a la escuela primaria Jing Yu Chen para hijos de trabajadores migrantes, en la orilla sur de Beijing, me permitió conocer a esos niños que a veces no se ven, pero que forman parte de la heterogénea sociedad china.

Tres años atrás tuve la oportunidad de estar en una escuela privada, donde niños chinos y extranjeros de clase media y alta estudian juntos y se integran mientras aprenden inglés, alemán y español, realizan obras de teatro en auditorios de primer mundo, practican deportes en campos con césped y tocan algún instrumento en aulas bien acondicionadas. Aquella vez quedé impresionado por la desenvoltura de los pequeños, que no tenían pudor alguno y me bombardeaban con preguntas en inglés y en español.
Fachada de la escuela Jing Yu Chen / Foto: JCZ
Esta vez me tocó el otro extremo: una escuela con la apariencia de una bodega en medio de un descampado lleno de escombros, y cuyas instalaciones adolecen de todas las bondades de una escuela cara. Sin embargo, la labor social que realiza este centro escolar es muy importante: educar a los hijos de aquellos que no van a la universidad, que no ocupan cargos directivos en las empresas ni conducen autos de lujo, pero que mueven la maquinaria que ha hecho crecer a China en los últimos 30 años.

En todo el país hay 262 millones de trabajadores migrantes, que dejan sus pueblos, sus tierras de cultivo y toda una vida para buscar mejores oportunidades en las grandes urbes. Beijing es una de las ciudades con mayor captación de estos trabajadores. Muchos de ellos encargan a sus hijos con los familiares, principalmente con los abuelos, pero otros viajan con la familia completa.
Copiando la lección en la pizarra / Foto: JCZ
Claro está, estos niños que llegan a las ciudades tienen que estudiar, pero, por diversas circunstancias, las escuelas públicas no siempre los admiten. Ocurre también que los padres se mueven de un lugar a otro dependiendo de la oferta de trabajo y los niños no pueden asistir a las clases de forma constante.

Por fortuna, en los últimos años se han creado escuelas especiales para estos chicos, en donde los profesores, verdaderos héroes anónimos, conocen sus necesidades y desempeñan también el papel de tutores y amigos de sus estudiantes.
El profesor Zhang Huijie enseña a cada niño según sus capacidades / Foto: JCZ
Luego de entrar y recorrer por unos instantes los pasillos mal iluminados de la escuela, sonó una tonada que indicaba el término de una clase. Ahí comenzó la magia. Cientos de voces infantiles que estaban en silencio minutos atrás comenzaron a incrementar los decibeles, y en pocos segundos el bullicio inundó el lugar.

Cuando los niños se dieron cuenta de que una comitiva de extraños, con enormes cámaras fotográficas y grabadoras, estaba en la escuela, de inmediato se alborotaron, y más cuando vieron al extranjero de nariz grande y piel morena que no dejaba de sonreír. De inmediato la voz se corrió, y una horda de pequeñitos se acercó a nosotros. Algunos lucían asustados, otros emocionados, y varios de ellos nos pidieron que les tomáramos fotos. Así lo hicimos durante varios minutos, hasta que la campana sonó de nuevo y todos volvieron a sus aulas.
Jugando con los pequeños / Foto:Li Yi
El día había cambiado para ellos. Rompimos la rutina y se notaba. Todos estaban inquietos y dejaron de prestar atención a los profesores. Miraban hacia las puertas para ver si los extraños seguían tomando fotografías. Y sí, lo hacíamos, no sin cierta culpabilidad por interrumpir las lecciones, pero contentos por darles un momento diferente.

Junto con el grupo de la radio, entré a un salón de clases. Ahí entregamos ropa y material donado por los trabajadores de la emisora. Las paredes, las bancas, la pizarra, todo se veía viejo. Y los pequeños lucían diferentes a aquellos niños de clase media que van a las escuelas públicas o privadas en el centro de Beijing.

Algunos se mostraban recelosos y agachaban la mirada. Otros lucían desconcertados. Pero a los pocos minutos parecía que nos conocían de toda la vida. Ya más relajados, sonrieron ante nuestras cámaras. Algunos soltaron todas las frases en inglés que han aprendido (Hello! Where are you from? What is your name?) y otros se arremolinaron para tomarse una foto colectiva. Se dejaron y nos dejamos querer.
En un salón de clases con niños migrantes / Foto: JCZ
Debo admitir que siempre he sido como un niño. Me gusta bromear, reír y jugar con la gente. Así que en aquel salón de clases me sentí en mi elemento. Disfruté la pureza y la sinceridad de esos pequeños. Me identifiqué de cierta forma con ellos, pues aunque mi infancia no estuvo marcada por la pobreza, sí viví en condiciones más austeras que el resto de mis compañeros. Pero, sobre todo, sentí una desbordada alegría, pues estos niños son capaces de transmitir vida hasta a una roca.

Sé que muchos de ellos si acaso terminarán la secundaria. Muy pocos irán a la universidad y tendrán una vida desahogada. Pero al menos ahora cuentan con la oportunidad de ir a una de las 26 escuelas que existen en Beijing para hijos de trabajadores migrantes y de aprender no sólo lo que el profesor les enseña en el aula, sino también la cultura del esfuerzo y la solidaridad.
Niños encargados de la limpieza del patio / Foto: JCZ
Es probable que nuestra visita haya hecho sentir a estos niños importantes y les diera un momento de alegría por el simple hecho de romper con lo cotidiano. Lo que es seguro es que a mí me regalaron uno de los recuerdos que más voy a atesorar sobre China.


lunes, 14 de enero de 2013

Despertar entre una nube tóxica

“Es neblina”, me dijeron algunos chinos en 2009, semanas después de haber llegado a Beijing. Y yo, ingenuo, proveniente de una urbe con altos niveles de contaminación como la Ciudad de México, lo creí.

Pero esa neblina que cubría la ciudad y no dejaba ver más allá de 200 metros olía feo. A gasolina. A carbón. No sé exactamente a qué, pero olía feo.

Tiempo después, mi ingenuidad dio paso al desconcierto, a la incredulidad y, finalmente, al desencanto. Beijing, la capital de la segunda potencia económica a nivel mundial, era una verdadera mugre, y hacía parecer a mi ciudad natal como un manantial de agua cristalina.

Vista desde mi ventana / Foto: Juan Carlos Zamora
  En los más de tres años que llevo viviendo en la capital china me he despertado decenas de veces sin ganas de asomarme a la ventana del piso 11 donde vivo. Es aterrador mirar el horizonte y no poder ver más que el edificio de enfrente. Y más terrorífico resulta saber que la espesa niebla está formada por contaminantes.

Pero esta situación llegó a grados extremos hace un par de días. Según datos de diversas organizaciones, se alcanzó un nivel de contaminación 40 veces superior a los límites de seguridad que marca la Organización Mundial de la Salud.

La visibilidad es escasa en los días con alta contaminación / Foto: Juan Carlos Zamora
Y como Beijing hay más ciudades en este país que presentan altos niveles de polución. De hecho, según datos del Banco Mundial que cita el diario El País, 16 de las 20 ciudades más contaminadas del mundo están en China.

Y no para menos. Más del 60 por ciento de la energía que consume esta nación se produce quemando carbón, un recurso natural muy abundante en esta tierra. Si le sumamos que China es la fábrica del mundo y que expulsa al medio ambiente más dióxido de carbono, plomo, azufre  y demás contaminantes que ningún otro país, y que su parque vehicular se ha incrementado de forma exponencial, entonces, el resultado de la ecuación no es ninguna sorpresa.

Sin embargo, no es lo mismo leerlo que vivirlo y respirarlo directamente. Y en mi posición de testigo directo debo decir que es deprimente y atemorizante caminar en las calles de Beijing en medio de tal cantidad de esmog, y notar que la gente se ha acostumbrado a no tener cielos azules, a no mirar hacia arriba, a respirar porquería.

Día contaminado en Beijing / Foto: Juan Carlos Zamora
Sí, es cierto que la Ciudad de México está muy contaminada y que hay días en que una nata gris cubre el cielo. Pero nunca he caminado en el DF en medio de una nube negra y espesa, y buena parte del año hay cielos azules por la mañana.

Los chinos están pagando muy caro su crecimiento económico. Su bolsillo se va llenando de dinero, pero sus pulmones se están poniendo negros. Así para qué.

Los chinos se han acostumbrado a no tener cielos azules / Foto: Juan Carlos Zamora

miércoles, 28 de noviembre de 2012

El ridículo internacional del Diario del Pueblo

En China la piratería se da en muchos aspectos. E internet ha facilitado mucho las cosas. Hoy, muchos chinos copian y pegan sin pudor alguno cualquier tipo de información disponible en la red (lo sé de primera mano). Sí, ya sé que se da en todo el mundo, pero en China se pasan de la raya, porque ni siquiera se fijan qué es lo que están copiando. Lo grave es cuando esta situación se da en un medio de comunicación.

Resulta que el portal de noticias satíricas The Onion publicó un texto de broma, donde menciona que Kim Jong-Un, el actual líder de Corea del Norte, fue nombrado como el hombre más sexy del año. Y como  China es prácticamente el único aliado que tiene Corea del Norte en el mundo, los medios chinos publican a diario noticias del vecino país.

Bueno, pues el Diario del Pueblo (el periódico más importante de China, que está bajo el mando del Partido Comunista) se tomó en serio la noticia de The Onion y la publicó en su edición en inglés, copiando el texto original y agregando una fotogalería con un montón de imágenes de Kim Jong-Un, que no es nada agraciado físicamente.

Por supuesto, el diario chino fue la burla internacional, pues muchos medios de comunicación no dejaron pasar el error.

A las pocas horas, el Diario del Pueblo borró el contenido, pero para comprobar que fue real, aquí la imagen que tomé de mi computadora, antes de que eliminaran el vínculo




Por eso hay que verificar la información y evitar copiar. Y el que copie, que al menos lea lo que se va a plagiar. Mínimo.

domingo, 7 de octubre de 2012

Colaboración en TV Azteca de México

China está pasando por un bache económico que podría poner en riesgo su espectacular desarrollo. En esta colaboración con TV Azteca analizo cuáles son las dificultades del gigante asiático. Sólo necesitas hacer clic para ver el video.

martes, 4 de septiembre de 2012

El Facekini, la última moda en China

Nací moreno. Y me encanta mi color de piel. Siento que el tono cobrizo que hay en la piel de millones de latinoamericanos es especial, producto de la mezcla de muchas razas. Pero los chinos no opinan lo mismo.

En verano, cuando mi piel canela se pone aún más oscura por las tremendas asoleadas, siempre escucho comentarios tipo “estás demasiado moreno” o “tu piel ahora es casi negra” de parte de mis compañeros chinos de la oficina, sumados a gestos, si no de repulsión, sí de asombro. No pueden entender por qué me gusta estar bajo el sol, y menos aún que permita que mi piel se tueste más.

Alguna vez llegó como practicante a mi trabajo una china muy guapa, de piel morena, que sería un imán de hombres en México. Supimos con el tiempo que se sentía acomplejada por no tener la piel blanca. Y sus compañeritas practicantes le decían con cierto dolo: “eres casi tan morena como los mexicanos”.

Esto es porque, en casi toda China, la piel blanca es sinónimo de belleza, en especial en las mujeres, quienes buscan por cualquier medio proteger su cuerpo de los rayos del sol.

Anuncio de crema blanqueadora en China / Foto: Gabriela Becerra
Por otro lado, la piel morena es relacionada inmediatamente con la gente del campo, que trabaja todo el día bajo el astro rey. Y si algo procuran los chinos de hoy es hacer notar la diferencia: “¿eres moreno?, entonces eres campesino, y si eres campesino eres pobre e ignorante”. No, no se asombren. Los chinos ya no son comunistas. Ahora son muy clasistas.

Careta para protegerse del sol / Foto: Gabriela Becerra
Es muy común ver en las calles a mujeres con sombrillas, mangas de tela especial y hasta caretas estilo soldador para cuidar su nívea piel. Y en la playa, mientras los extranjeros buscamos tirarnos en la arena para que el sol nos abrase, los chinos van con ropa larga y gafas oscuras tamaño XL y permanecen en la sombra. Vaya, muchos ni siquiera se meten al mar a nadar.

Mujeres chinas en la playa de Beidaihe / Foto: Gabriela Becerra
Pero ahora se han ido a los extremos. Según noticias publicadas en varios medios, en algunas playas está de moda una especie de máscara que cubre todo el rostro, con excepción de la boca y los ojos, y que hace parecer a las bañistas chinas como las futuras estrellas de la lucha libre mexicana.

El nuevo Facekini / Foto tomada de: www.clarin.com
Algunas incluso complementan el extraño accesorio con ropa especial que les cubre todo el cuerpo. De esta forma pueden divertirse en la playa sin quemar un solo centímetro de su apreciada piel blanca.

En muchos países musulmanes las mujeres tienen que usar prendas como estas por motivos religiosos, de lo contrario pueden ser castigadas. Y aunque suena absurdo, al menos hay un motivo. Pero en China creo que han llegado a los extremos debido a su obsesión por tener la piel clara. ¿Ustedes que piensan?

Más información en:




lunes, 27 de agosto de 2012

China, sin pelos en la lengua

Aprovechando el cuestionario que un amigo me envió hace poco, y tras varias peticiones de conocidos en México, hoy publico este texto sobre por qué vine a China y qué hago tan lejos de mi tierra.

¿Cuál era tu opinión de China antes de conocerla?
Debo ser sincero y decir que, como muchos, yo sabía muy poco de China. Claro, había leído sobre la Gran Muralla, sobre Confucio, sobre los grandes inventos chinos de la antigüedad. Pero más allá de esas cosas que uno puede aprender de los libros y la prensa, desconocía casi todo sobre este país. Por lo tanto, mi opinión era muy limitada.

En ese entonces decía: “China es la fábrica del mundo, es un país lleno de cultura por todas partes, con gente muy trabajadora y disciplinada; es el contrapeso comunista de Estados Unidos, con un sistema económico diferente que puede ser ejemplo para el mundo…”. Hoy, a tres años de distancia, sé que algunas de esas cosas que pensaba eran ciertas, y otras, lamentablemente, no.

Rumbo a China en 2009 / Foto: Juan Carlos Zamora
¿En qué año viniste a China y por qué?
Llegué a este país en septiembre de 2009, contratado para trabajar en Radio Internacional de China, la emisora estatal cuya misión es transmitir hacia el exterior toda clase de propaganda gubernamental, noticias, programas culturales, música y todo aquello que ayude a reforzar lo que los expertos denominan el “soft power” o poder blando de China.

Instalaciones de CRI /  Foto: Juan Carlos Zamora
¿En qué ciudad resides?
Vivo en Beijing, la enorme capital, donde habitan alrededor de 20 millones de personas, según cifras oficiales. Aunque otros números revelan que la cifra real podría ser de 40 millones, debido a la gran cantidad de ilegales que vienen de otras provincias a trabajar en la ciudad y sus alrededores (los chinos sólo pueden mudarse a otro lugar para trabajar si el gobierno lo autoriza y les extiende un tipo de “pasaporte interno”). Como sea, son muchísimos chinos coexistiendo en esta urbe.

El nombre “Beijing” viene de (běi), que significa “norte”, y (jīng), que significa “capital”. Literalmente es la “capital del norte”, y hace referencia a que la ciudad está en la zona septentrional de China. En la antigüedad, la capital se encontraba en el sur del país, en la ciudad de Nanjing -南京 (Nánjīng), “capital del sur”.

¿Cuál fue tu primera impresión de China?
Debo decir que, cuando pise tierra china por primera vez, quedé impresionado. Llegué al Aeropuerto de la Capital, en Beijing, y me quedé con la boca abierta, pues no sólo es monumental, sino que además es uno de los aeropuertos más modernos de todo el mundo. Después recorrí en auto los más de 40 kilómetros que separan el aeropuerto del que hoy es mi hogar, y vi una ciudad llena de edificios altísimos, avenidas anchas, bien señalizadas y con asfalto en excelentes condiciones (a diferencia de la ciudad de México); muchos, muchísimos autos nuevos, mucha gente en todas partes y un constante olor a humo, producto de la fuerte contaminación que hay en la ciudad (y en toda China).

Poco después de llegar al departamento donde me instalaría, fui a una plaza comercial a comprar cosas básicas y me sorprendió ver anuncios de McDonald's, KFC, Coca-Cola y demás en caracteres chinos (¿acaso no era China un país comunista?), y luego quedé impactado cuando entré a un Carrefour: era un supermercado como cualquier otro, pero al mismo tiempo no lo era: había olores distintos, frutas rarísimas, una cantidad incontable de gente y varios vendedores gritando, vendiendo pescado fresco que sacaban de unas enormes “peceras” para luego golpearlos y quitarles las tripas ahí mismo.

Centro comercial en Beijing /  Foto: Juan Carlos Zamora
En resumen, la primera impresión que tuve de China fue la de un país moderno, contaminado, muy alejado del comunismo, repleto de gente y con escenas rarísimas que, sí, me hacían sentir en China.

¿A qué te has dedicado en China durante estos años?
Vine a China a trabajar como periodista, y aquí he desempeñado todas las facetas de dicha labor. Soy locutor y he conducido programas de entrevistas, cultura y análisis de la sociedad china; soy productor de contenido radiofónico y he elaborado cápsulas noticiosas, deportivas y culturales; soy realizador de videos y he dirigido la producción de materiales, pero también he ejercido de camarógrafo y editor; soy reportero, y he cubierto diversos eventos, principalmente de corte cultural y diplomático; soy corrector de estilo, y he dado forma a miles de textos traducidos por compañeros chinos al español, los cuales requieren una “manita de gato” para poder ser comprendidos por los hispanohablantes. En fin, he sido de todo un poco. Lo disfruto y aprendo de ello cada día.

En el estudio /  Foto: Juan Carlos Zamora
¿En algún momento te has sentido solo, triste o indignado desde que vives en China?
Sólo y triste, nunca. Soy una persona muy adaptable a las circunstancias y busco siempre sacar lo mejor de cada situación, lo que me permite mantener una buena estabilidad emocional. Debo agregar que tengo pareja en China, lo cual ha sido un importante factor para que me sienta a gusto y pleno todos los días.

Indignado, sí. Por las injusticias y las estupideces que veo en China a diario. Ver cómo la gente se casa sin amor debido a la gran presión social; cómo las mujeres son vistas aún como seres de segunda categoría; cómo el gobierno chino destruye su patrimonio cultural en pos de la “modernidad” y, no conforme con eso, acaba con culturas antiguas como las del Tíbet o Xinjiang; cómo China vende su cara “amistosa” al mundo, cuando está iniciando una nueva era de imperialismo. Esas cosas me indignan, claro.

Tumba antigua vs. edificio moderno en Xinjiang
/  Foto: Juan Carlos Zamora 
¿Alguna historia interesante o graciosa para compartir sobre la diferencia cultural o lingüística?
Hasta hoy día no puedo hablar chino. Lo he intentado, pero soy malo para las lenguas y el chino es, de verdad, un idioma muy difícil de aprender y al cual hay que dedicarle tiempo completo al menos durante dos años. Me defiendo con lo básico para sobrevivir. Eso ha sido una limitante para comunicarme con mucha gente, pero también ha generado situaciones muy divertidas.

En alguna ocasión, con sólo unos días en China, fui a conocer algunos lugares turísticos de Beijing, y como no sabía nada de mandarín les hacía señas a todos. Pero aquí las señas son diferentes. Entonces, cuando preguntaba el precio de algo, me torcían la mano de forma muy extraña, yo les daba un billete y me daban a entender que no, que era mucho. Repetían el gesto extraño y yo les daba una moneda, y tampoco le atinaba. Después aprendí que la forma de decir los números con la mano es muy distinto que en México.

Aún a señas me he podido comunicar /  Foto: Juan Carlos Zamora
Así se cuenta en China / Foto de  http://nuestropedacitodeoriente.blogspot.com 
También recuerdo el primer día en la oficina. Como soy latino, y nosotros somos muy besucones y cariñosos, siempre saludo de beso en la mejilla a las mujeres y doy la mano a los hombres. Eso hice cuando me presenté en Radio Internacional de China, y me di cuenta del error que cometí cuando una compañera, asustadísima, me empujó y me dijo “¡no, no, no!” agitando fuertemente las manos. Ahí supe por primera vez de la frialdad china en las relaciones sociales.
  
¿Qué te gusta más de China o qué ventaja crees que tiene vivir en China?
Hay muchas cosas que me gustan de China, y por eso sigo aquí. Una de ellas es que, a pesar de la gran destrucción de su patrimonio, aún conserva una gran cantidad de elementos culturales dignos de admiración, como los templos, las costumbres antiguas y la gente, especialmente los ancianos, que son supervivientes de aquella China que leí en los libros y que ya no es más.

La comida me fascina. Hay una gran variedad y casi toda la que he probado me ha gustado mucho, tanto los platillos dulces del sur, los salados del norte o los picantes del oeste. Creo que el hecho de ser mexicano ha preparado mi paladar para las combinaciones de condimentos tan extrañas que hay aquí. No quiero decir que todo sea bueno. Hay, por ejemplo, un platillo que se llama “tofu maloliente”, y el nombre se queda corto: es un guiso de queso de soya hervido en un caldo de verduras fermentadas que genera un olor insoportable, pero que a los chinos les encanta. Debe ser algo similar al gusto de los mexicanos por los tacos de tripa, que huelen igual de mal.

Fan de (casi toda) la comida china /  Foto: Juan Carlos Zamora
Me han gustado mucho algunos paisajes de China, especialmente los de la zona musulmana ubicada al oeste del país, que aún no están tan afectados por la urbanización enfermiza que hay en este país. Recuerdo en especial la carretera que va de la Región Autónoma Uigur de Xinjiang a Pakistán, que pasa en medio de ríos y montañas nevadas. ¡Espectacular!

Panorámica de la carretera Xinjiang-Pakistán /  Foto: Gabriela Becerra
Vivir en China tiene muchas ventajas. Para quienes nos gusta la investigación social, este país es un caldo de cultivo tremendo. Yo me considero muy afortunado por poder ver en carne propia los interesantes cambios que está viviendo la nación que, dicen, podría ser en pocos años la primera potencia mundial. Les doy algunos ejemplos: Beijing está llena de flamantes y enormes edificios de cristal y centros comerciales modernísimos, pero en medio de ellos la gente se congrega en gran cantidad para bailar, o bien, sale con una tinaja de plástico llena de agua a lavarse el pelo en plena calle, y los niños se bajan el pantalón y se hacen pipi sin pudor alguno, mientras los papás compran algo en cualquier tienda. La ciudad se desarrolló tan rápido y tan de golpe, que a los habitantes no les dio tiempo de acoplarse a la nueva vida citadina. Esa mezcla entre el primer mundo y la provincia es fascinante.

Niña haciendo pipí en una calle comercial /  Foto: Gabriela Becerra
Ahora, para quien guste de los negocios y el dinero, es un buen lugar para trabajar o poner una empresa o un restaurante. Pero en esas aguas no navego.

 ¿Qué opinas de los recientes casos de mal comportamiento por parte de expatriados que viven en china?
Doy contexto. Hace poco se difundieron en los medios de comunicación un par de imágenes de extranjeros realizando cosas indeseables: uno intentó abusar de una chica en la calle y el otro insultó a una mujer en un tren. Eso desató una campaña xenofóbica en China, en la cual comenzaron a revisar pasaportes en todos lados y sancionaron a muchas personas.
  
Debo decir que hay cientos de extranjeros en este país que se comportan como verdaderos hooligans y tratan a los chinos como si fueran de segunda categoría ¡en su propia tierra! Esto, claro, desata la ira de cualquiera, y estoy de acuerdo en que esa clase de gente no debe tener cabida en ningún lugar.

También es cierto que algunos chinos ven con recelo a los extranjeros, nos insultan, nos venden las cosas más caras o tratan de engañarnos para sacarnos dinero. Pero nada de eso justifica un mal comportamiento en un país que nos ha recibido de buena manera.

Creo que la reciente campaña antiextranjeros no tiene que ver con esta clase de gente, que existe en todas partes del mundo. Más bien se debe a una política gubernamental que poco a poco cerrará la puerta a los foráneos. Me explico:

Hoy somos muchos extranjeros en este país, pero no porque nos quieran mucho, sino porque el gobierno chino nos necesita. Quiere gente preparada en ciertas áreas en que los chinos aún no son buenos, aprenden de nosotros ciertas cosas y, después, cuando consideran que ya no somos útiles, nos dan las gracias. Pero bueno, durante el tiempo que estamos aquí no la pasamos mal, así que la cosa no es tan grave.

lunes, 4 de junio de 2012

4 de junio: Tian'anmen no se olvida

Hablar de la matanza de estudiantes ocurrida en Tian’anmen en 1989 aún es un tabú en China. La mayoría de mis compañeros de trabajo, cuando menciono por alguna razón el tema, hacen como si no entendieran. Peor aún, alguna vez uno me pidió que bajara la voz, porque es un tema delicado para hablar en una oficina china.

Para muchos jóvenes nacidos en la década de los 90, la masacre de Tian’anmen es un tema prácticamente desconocido. Saben que hubo una “revuelta estudiantil” (como la llama el gobierno chino), y que ésta afectaba la “estabilidad del país”. Pero muchos no saben (o no quieren enterarse) que el ejército acribilló a cientos y cientos de estudiantes desarmados que protestaban y exigían una apertura democrática en el país, gobernado desde 1949 por el Partido Comunista.

Según las cifras oficiales, el saldo de aquel 4 de junio de 1989 fue de sólo 241 muertos (incluidos soldados). Aunque familiares de las víctimas y organizaciones de derechos humanos hablan de miles de estudiantes muertos. Así hubiese sido uno, fue un crimen en toda la extensión de la palabra. Pero muchos en China ni se enteran, porque no quieren o porque no los dejan.

Típica respuesta de Google al buscar información sobre Tian'anmen
La información sobre el tema está censurada casi en su totalidad, especialmente en Internet. Si se busca en chino algo relacionado con esa fecha, lo normal es que la pantalla marque un error en la búsqueda. Por eso muchos jóvenes no conocen la famosa foto de aquel valiente joven que se paró, solo, enfrente de un tanque del ejército.
Una de las fotos más famosas de la historia, tomada por Charlie Cole
En otros idiomas, como español o inglés, a veces se puede acceder, a veces no. Depende quizá del humor de los censores.

En las redes sociales como Ren Ren (el Facebook chino) o Sina Weibo (equivalente a Twitter) existen miles de personas vigilando lo que la gente escribe, y si se detecta algo “inadecuado” o “peligroso”, como referencias a la matanza de Tian’anmen o las protestas en el Tíbet, inmediatamente es bloqueado. En respuesta, muchos jóvenes han comenzado a usar un lenguaje cifrado para burlar la censura.

En el sitio de la masacre, la vigilancia es extrema desde hace muchos años. La plaza está rodeada de rejas, y para entrar hay que pasar por alguno de los varios puestos de vigilancia, donde policías miran los rostros y piden a todo el que lleve una bolsa o una mochila que lo pase por la banda de rayos x.

Para entrar a la plaza de Tian'anmen hay que pasar varios filtros de seguridad
Además, hay cámaras de video por doquier y se ha establecido un horario para estar en la plaza: después de las 7 de la noche se prohíbe el acceso a cualquier persona, bajo pena de cárcel. Y en fechas especiales, policías y personal del ejército prohíben tomar video no sólo a los periodistas sino a cualquier civil.

El fantasma de Tian’anmen sigue rondando Beijing, y el gobierno le tiene miedo, especialmente después de las revueltas en el mundo árabe que derrocaron a varios dictadores. El Partido Comunista gobierna China desde hace 63 años, y este 2012 habrá cambio de poderes. Hay nervios y preocupación por posibles protestas que pudieran desestabilizar al régimen. La censura está más fuerte que nunca.

Hace poco un amigo chino que está en México me dijo que admira a los estudiantes del movimiento #yosoy132, que protestan y luchan por sus ideales, que salen a la calle y gritan consignas libremente. Pero esta libertad no fue gratis, costó mucha sangre.

Inevitablemente recordé la matanza estudiantil de 1968, ocurrida en condiciones similares a las de la plaza de Tian’anmen: un gobierno autoritario y represor, un ambiente antidemocrático en el país y un ejército cruel que asesinó a miles de jóvenes en la plaza de Tlatelolco.

La diferencia es que en México, bien que mal, la sangre derramada dejó herencia, y hoy todos los que protestan en las calles gozan de libertad, conquista histórica que se logró con aquel terrible acontecimiento.

Ojalá que en China, algún día, ocurra lo mismo.

martes, 22 de mayo de 2012

Voto postal desde el extranjero: despilfarro de recursos

Tras varias semanas de espera e incredulidad, por fin llegó mi paquete del Instituto Federal Electoral (IFE) para votar en las próximas elecciones en México.

Para ser sinceros fue una grata sorpresa, no esperaba realmente que llegara hasta China. Pero por una vez el correo mexicano funcionó (el chino es muy bueno), y ahora debo apresurarme a enviar mi voto de vuelta a México. 

Mi paquete recién llegado
Por supuesto, no quise dejar pasar la oportunidad de comentar al respecto, así que aquí va:

Sé que es una excelente muestra de democracia que a los mexicanos en el exterior se nos brinde una forma de ejercer nuestro voto, pero me parece un gran desperdicio de recursos públicos hacerlo por correo postal, en un mundo donde la electrónica y las computadoras facilitan la cosas.  

Sobres, timbres postales, boletas, material informativo y demás llegaron en el paquete
Justo cuando me registré en la página http://www.votoextranjero.mx, los legisladores mexicanos  estaban discutiendo si era válido el voto electrónico, y durante esos días no había otra opción: o hacía clic en el botón “voto postal” o me quedaba sin sufragar. Días después, los diputados decidieron darle luz verde a la vía electrónica, pero fue demasiado tarde: cerca de 70 mil personas tendremos que depositar nuestro voto en el buzón. 

Boleta para votar por candidatos a la presidencia
Para este ejercicio, el IFE invertirá 207 millones de pesos (más de 15 millones de dólares), por lo que el voto mexicano desde el extranjero será el más caro del mundo, en una época en que no nos sobra precisamente el dinero en el país.

Boleta para votar por jefe de gobierno del DF
Y lo peor es que el paquete que envió el IFE no sólo contiene las boletas para elegir al próximo presidente de la República y al jefe de gobierno del Distrito Federal, sino una serie de artículos que, más allá del mal gusto, representan un despilfarro innecesario.

¿O me dirán que un portarretrato de cartón, como los que vienen en las cajas de cereal, aporta algo a la democracia?
¿Portarretratos democráticos?

¿De verdad creen que algún mexicano va a pegar una calcomanía como ésta en su auto para decirle a todo el mundo que votó por correo?

Despilfarro vil de recursos
Tanta parafernalia es realmente absurda. Los mexicanos que nos registramos para votar desde el otro lado del charco obviamente tenemos el interés de cumplir con nuestra obligación ciudadana y, creo, estamos informados sobre los candidatos, además de que damos seguimiento a lo que pasa en el país.

Insisto, me parece maravilloso que mi país me dé la posibilidad de ejercer mi derecho a votar incluso estando fuera de las fronteras, pero ¿por qué siempre los administradores eligen las opciones más caras y disparatadas?

Datos interesantes.
  • Al momento de publicar esta entrada se habían recibido alrededor de 63 mil piezas postales en el extranjero con las boletas para votar por presidente, según la página http://www.votoextranjero.mx.
  • Estados Unidos es el país donde más mexicanos han recibido boletas electorales, con 45,555 piezas postales entregadas, según la misma fuente. Le siguen España (2,157) y Canadá (2130).
  • De acuerdo con el mismo sitio web, a China han llegado 132 piezas postales con las boletas y todo el material adicional (e innecesario).
  • El IFE pagará el porte de todos los sobres que se envíen, y sólo contará los votos que reciba antes de las 8:00 horas del 30 de junio de 2012, es decir, un día antes de la elección.

martes, 15 de mayo de 2012

¡Y en China se baila... aaaaaasí! Primera parte


Hubo una época en que los chinos no podían siquiera tomarse de la mano. Fue durante la Revolución Cultural, en que hombres y mujeres debían ser iguales, socialistas, patriotas. Por eso se vestían igual, se cortaban el pelo igual, y no tenían derecho a tener contacto físico en público, era mal visto e, incluso, la acción se llegaba a castigar con la cárcel. Quizá de ahí viene el que muchísimos chinos hoy en día no bailen y sean considerados “fríos” en sus relaciones personales.

Pero antes todo era diferente.

Durante los años 20 y 30 del siglo pasado, el baile estaba de moda en China. Grandes salones de baile fueron abiertos en Shanghai, zona con permanente presencia de extranjeros desde hace muchas décadas, y poco a poco la moda se extendió a otras partes del país. Los chinos disfrutaban realmente mover el cuerpo. Pero el comunismo destruyó ese tipo de convivencia, considerado como “burgués”.

Hoy en día, el gusto por el baile poco a poco está renaciendo en China. Y los jóvenes, bajo la influencia de Lady Gaga y otras “estrellas” occidentales, están comenzando a moverse al ritmo de la música, con su muy peculiar estilo.

Hace poco me encontré a un grupo de adolescentes bailando afuera de un centro comercial. Me sorprendió el hecho de que lo hicieran en público, pues los chinos son muy penosos. Pero lo que más me llamó la atención es que otras personas comenzaron a contagiarse de la alegría y el ritmo de los jóvenes.

Quizá por eso la policía, acostumbrada a disolver cualquier concentración masiva, no llegó a interrumpir el acto. No tendrían por qué. El baile no es un peligro para el Partido Comunista. Es más bien una nueva forma de expresión de los jóvenes, desconocida hasta hace muy poco.

Aquí está el video de los adolescentes bailarines.


miércoles, 2 de mayo de 2012

Chinos adictos al celular

Ningún país en el mundo tiene más celulares que China. Según las cifras más recientes, el número de usuarios de teléfonos móviles superó los mil millones.

Dicen por ahí que si se colocaran uno al lado del otro, los chinos con celular le darían una vuelta a la Tierra. Creo que es una tontería. Pero lo que sí es verdad es que la vida de los jóvenes chinos en Beijing, y en muchas otras ciudades del país, está centrándose en estos aparatos.

Cada vez es más común ver escenas como la de abajo, donde los chinos van enajenados con su celular, la mayoría jugando o viendo una película. Ya son pocos los que leen el periódico o un libro de papel. Y han llegado al extremo de ir en grupos o en pareja y no conversar, por ir atentos a su teléfono.

Nomofobia en el metro de Beijing / Foto: Juan Carlos Zamora
Muchos dirán “lo mismo pasa en mi país”. No lo dudo, es una tendencia mundial. Pero en China esta situación llega a proporciones inconcebibles.

Hace poco fui a tomar un café y vi a una pareja de veintitantos años. Estaban sentados frente a frente y no, no se comían a besos. Tampoco se tomaban de la mano. Vaya, ni siquiera se lanzaban miradas indiscretas. ¡Los dos estaban atentos a su teléfono celular!

"Amor" vía celular / Foto: Juan Carlos Zamora
Me gustaría decir que es la única vez que lo he visto, pero mentiría. La nomofobía de los chinos comienza a ser preocupante.